¡Qué cosa más rara e irónica es la vida! Es corta, se acaba en un abrir y cerrar de ojos. Sólo hay una. Y es así para todos sin distinción alguna. Desde hace unas semanas , un huracán de recuerdos tristes me persigue. Me acosan aquellas terribles imágenes que inexorablemente tuve que contemplar con los ojos desorbitados, el incontenible llanto. Respiro, me acerco al viejo y apolillado buró, veo su foto. Mi primo está muerto.
Aquél viernes, algo en mí expiró. Al igual que los sueños de mi primo, los míos también fueron degollados. Eran las cuatro de la mañana , mi hermana dormía imperturbable, escoltada por un séquito de afables ositos de peluche. Yo en brazos de Morfeo -aparentemente- esperaba que la bulliciosa alarma de mi celular rompiera mis tímpanos. Mi madre, como de costumbre encendía la radio y volvía a acostarse. Pero esa noche, las cosas fueron diferentes. Un inquietante alarido acabó con mi sueño, era mi mamá que poco a poco se desmoronaba, hecha un mar de lágrimas y repitiendo mecánicamente una frase : "¡Mataron a Jesús!". En ese momento me quedé estática, con la mente en off, vacía. Y sólo atiné a abrazarla con toda mi fuerza, con todo mi amor.
La inesperada noticia se difundió en un santiamén por todos los medios de comunicación. Ocupó portadas de los principales diarios sensacionalistas, diferentes titulares denigrantes para los deudos. Entonces comprobé que en efecto, la vida te golpea mal y cuando esto sucede de nada vale refugiarse en aquellos rincones infantiles. Pero así estaba escrito, ese era su destino y si insisto en atormentarme, preguntándome a mí misma el porqué, seguiré sin obtener respuesta alguna.
Todo fue planeado, el crimen perfecto - había una mano negra, una mano negra con suficiente billete para callar a las autoridades, disfrazar los hechos, maquillar la verdad-. La muerte se deslizaba sigilosamente por el municipio de Surquillo. Tres trabajadores ediles fueron cruelmente asesinados, uno de ellos - el más joven- era mi primo. Jesús tenía solo veintiún años, hacía cinco años que trabajaba como sereno, vigilando el orden. Recuerdo lo audaz que era, sus anécdotas, cómo me explicaba lo cruel que era el mundo allá fuera; ese mundo al que él pertenecía, sin caretas, una dosis excesiva de realidad cruda. En dónde la gente bonita sólo vivía en Circo Beat , en cualquier página de sociales. ¡Baby girl, you have no idea!
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